Marea verde


Hoy me levante temprano, como pude con la cabeza lenta y el cuerpo a dolorido.

Me entero lo que ya sabíamos, la ley no salió.


Nos ponemos la ropa y salimos a la calle. Como si nada. No hay rastos de la fiesta que había sido apenas horas antes. Ya no brillan las caras de verde. La gente va apurada a trabajar. 


Café. Subte. Tren. Nada.


Internet explota de memes, tweets, estados, artículos. Todos hablan.


Hay bronca en las redes, tristeza, desilusión. Nos enteramos lo que dijeron nuestros senadores,las personas que votamos, que nos representan. Que no leyeron la ley y votan en contra. Que a las mujeres se les regalan plantas cuando están embarazadas. Que hay violaciones que no implican violencia.

Que están haciendo? Que dicen? Como llegaron ahí? No me representan. No NOS representan. Una vez más, alguien decide por nosotros.


Están ciegos. No ven todas las que nos movilizamos, no se informan, no leen, no entienden, no les conviene. 


Para muchos, incluyéndome, no pasó nada. Tenemos que resolver problemas, ir a cursar, a trabajar. No nos vamos a morir en condiciones inhumanas. No nos van a condenar o juzgar por lo que pensamos. A mi no me va a pasar, a mis amigas tampoco, a las hijas de los senadores, nietas, sobrinas, hermanas, no les va a pasar. Porque tenemos más suerte. Solo por una cuestión de azar, tenemos opciones. Es por la plata, como todo. Y porque tenemos el acceso a SHSHSHSH.


Lamentablemente la gente que se reunió en el senado este miércoles, se agrupa en ese tipo de gente. Tienen acceso a información, a conocimientos. 


Que pasa con la mayoría, que no puede decidir? Quien responde por elles? Quien se hace cargo? Yo solo veo un grupo de personas que se lavan las manos. Están los senadores. Pero también Veo a conocidos que no quieren entender, por distintos motivos pero mayormente “morales”, que no conciben otra realidad que no sea la propia. Se repiten a unos mismos los mismos pensamientos vacíos, y egocentricos. No quieren perder. Pero ellos no pierden, sino las pibas más desfavorecidas que tienen que volver a sus casas y remarla día a día. 


Y veo un entorno que se entristece mucho más con la pérdida de un partido de fútbol, que con lo que pasó en la madrugada del jueves.



Y esto no es casual. Porque nos resguardamos como sociedad en un mundo perfecto de mentiras al que muy pocos llaman vida, y otros sueño. Tenemos problemas para identificar los conflictos sociales a los que nos enfrentamos día a día, nos excusamos con pensar que si se muere una piba no es nuestra culpa, que “no es nuestro trabajo ocuparnos de estos asuntos”. Y lamentablemente no somos muy distintos a los senadores anti derechos. Ellos también se excusan, se esconden bajo el ala de la religion, por ejemplo. Tratan de convencerse que está bien lo que hacen, para poder tener la conciencia limpia.

Y no sé cómo hacen realmente. Porque cada vez que miere a una mujer, no entienden que están metiendose con todas. 


Nos duelen los pies, la cabeza, probablemente nos enfermemos.

Pero nos vamos más tranquilas que el resto. Porque somos consientes de otras realidades, al menos de algunas. Porque nos sincerizamos, nos HERMANAMOS, y empatizamos con el sufrimiento ajeno. (Esto va para los que no entienden el verbo “militar)  Y entonces pienso que hay esperanza. Que si otros países lo lograron nosotros también podemos. Que somos muy fuertes, hoy más que nunca.


Para todos lo que se quejan de “la juventud de hoy en día”, quiero señalarles que si no entienden por qué cortamos las calles, pintamos las paredes, nos ponemos pañuelos, llenamos las redes y las calles, les digo que googleen el debate del miércoles y van a poder ver que nosotros somos la respuesta a este maldito sistema, sostenido por ‘personas’ como las que se avergonzaron públicamente con argumentos inválidos, erróneos, infundados. Somos la ola que de a poco va arrasando con ese sistema, que a su paso va juntando gente, chicos y grandes, mujeres y hombres, a personas, y a su paso va tiniendo todo de color verde.

Y que como se escuchaba por las calles de Buenos Aires: somos las nietas de todas las brujas que nunca pudieron quemar. 



Nos duelen los pies, la cabeza, probablemente nos enfermemos.

Pero nos vamos más tranquilas que el resto. Porque somos consientes de otras realidades, al menos de algunas. Porque nos sinceramos y empatizamos con el sufrimiento ajeno. Y entonces pienso que hay esperanza.


Me subo al 214 y un hombre nos pregunta si venimos del congreso. Le decimos que si. Nos felicita y agradece por haber ido. Sonríe. Y me gusta pensar que algún día, cuando sea grande, los jóvenes nos van a sonreír a todos los que nos involucramos en la lucha día a día.

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